Tras el revuelo que supuso el famoso experimento de Stanley Milgram sobre la obediencia muchos ...

Monday, February 13, 2017 by Lourdes López

Tras el revuelo que supuso el famoso experimento de Stanley Milgram sobre la obediencia muchos investigadores se lanzaron a realizar versiones. De todas estas “copias” iba a destacar una que tuvo lugar en 1972 bajo la siguiente premisa: ¿hasta donde serías capaz de obedecer con un cachorro de perro sufriendo?

Cuando hablamos del experimento de Milgram nos referimos a una serie de pruebas de psicología social que llevó a cabo el psicólogo en la Universidad de Yale. El fin de la prueba era medir la disposición de un participante a la hora de obedecer las órdenes de una autoridad aun cuando éstas pudieran entrar en conflicto con su conciencia personal.

Cuando Milgram publicó en 1963 los resultados de sus experimentos la comunidad científica se dividió en dos grandes grupos. Muchos investigadores encontraban la investigación del psicólogo difícil de creer. ¿De verdad podrían estar los sujetos tan fácilmente manipulados?

En estos casos estaban seguros de que Milgram había cometido algún error. Los investigadores llevaron a cabo numerosos estudios paralelos sobre su trabajo buscando la manera de darle la vuelta a los resultados de manera que estuvieran acordes a sus expectativas.

Y como decíamos, de entre estos un experimento iba a destacar por la elección de la víctima. El llevado a cabo por Charles Sheridan y Richard King en 1972.


Golpea al cachorro


King y Sheridan teorizaron que los sujetos de Milgram sospechaban que la víctima era falsa. Esto explicaría su notable obediencia y por tanto sólo estarían jugando. ¿Qué hicieron? Para probar esta posibilidad decidieron repetir el experimento de Milgram usando una víctima real que sorprendiera.

De esta forma los experimentadores colocaron al animal dentro de una caja que tenía un suelo con rejillas de choque. El interior de la caja contenía una luz de señal. Los sujetos, todos voluntarios de un curso de psicología, fueron informados de que el cachorro estaba siendo entrenado para distinguir entre un parpadeo y una luz constante.

Obviamente no podían utilizar un humano para este propósito, así que utilizaron el siguiente ser vivo en la escala de valores del hombre: un adorable cachorro

El perro tenía que estar de pie a la derecha o a la izquierda dependiendo de la señal de la luz. Si el animal no se colocaba en el lugar correcto los sujetos tenían que presionar un interruptor que le daba pequeños choques de electricidad. Y como en el experimento de Milgram, el nivel de choque aumentaba quince voltios por cada respuesta equivocada.


Los humanos no podían ver la luz desde donde estaban, tan sólo podían ver la posición del cachorro y podían juzgar sus respuestas basadas en un gráfico que se les dio.

Sheridan y King enfatizaron la importancia de esta investigación afirmando que estaban tratando de medir la “frecuencia crítica en los cachorros”, además le aseguraron a los voluntarios que recibirían un dinero. ¿Qué ocurrió?

El experimento comenzó e inmediatamente el cachorro obtuvo varias respuestas equivocadas. De hecho no había una sola respuesta correcta para el animal. No había correlación entre la señal luminosa y la hoja de respuestas que se había proporcionado a los estudiantes. Desde el punto de vista del cachorro aquello era una pesadilla.

Cuando el voltaje del experimento aumentó el cachorro comenzó a ladrar tímidamente para luego hacerlo con mayor fuerza. Luego saltaba, se movía violentamente de un lado a otro de la caja y finalmente aullaba de dolor con las pocas energías que le quedaban.

Los voluntarios estaban horrorizados, comenzaron a pasearse de un lado a otro de la habitación, inquietos, manteniendo la respiración por aquel pobre animal y finalmente haciendo gestos con las manos para intentar ayudar al cachorro hacia donde debía ir en cada caso. Llegó un momento en el que se pudo apreciar que algunos de ellos comenzaron a llorar del estrés de la situación.

Sin embargo, la mayoría de ellos, 20 de los 26 que formaron parte de aquel experimento, siguieron presionando el botón de choque hasta llegar al voltaje máximo. El resultado, al contrario de lo que creyeron, había validado los resultados de Milgram.

En la redacción final del estudio los experimentadores quisieron aclarar que los choques estaban limitados en amperaje y que no causaron daño físico permanente al cachorro. Obviamente pasaron por alto el daño psicológico. Aunque nunca más se supo de aquel pequeño cachorro, si por alguna casualidad la criatura se sacudía de terror cuando llegaba a un semáforo, creo que todos tenemos clara la razón.

Con información de: Gizmodo

Loading...