Existen tres sencillos factores de la naturaleza del hombre que justifican sus miradas a otras m...

Friday, July 15, 2016 by Lourdes López

Existen tres sencillos factores de la naturaleza del hombre que justifican sus miradas a otras mujeres, aunque no las infidelidades. 

Uno de los problemas más recurrentes en las relaciones amorosas son los celos, independiente si su sustento es el antecedente de alguna infidelidad pasada o sólo inseguridad.

La molestia que se siente cuando la pareja habla de otra persona o mira a alguien más, en tu presencia o ausencia, es algo que muchas veces no se puede controlar, ocasionando discusiones y rupturas.

Pese a que muchos se escudan en el popular dicho “al mirar no hay engaño”, eso no evita la incomodidad ni el enfado cuando notamos la mirada masculina en otra mujer, un acto que se sustenta en que, desde la época de las cavernas, en la naturaleza del hombre está la búsqueda de varias parejas para reproducirse.

Así lo establece Louann Brizende, la autora del libro “El cerebro masculino”, quien explica cómo el cerebro masculino ha sido programado con el pasado del tiempo para acercarse a una mujer fértil y comenzar una relación amorosa con ella.

La especialista, además, establece que hay tres sencillas razones por las cuales ellos miran a otras mujeres:

1. El cerebro: Una de las diferencias entre el cerebro masculino y femenino es que ellos tienen un área de búsqueda sexual 2,5 veces mayor que la de ellas. Esto no quiere decir que los hombres miren a todas las mujeres con intenciones seductoras, pero sí lo hacen con las que sienten atracción física.

2. La testosterona: Los hombres tienen seis veces más de esta hormona que las mujeres, la cual es responsable de controlar los impulsos del cerebro. Es decir, la mayoría de los machos miran a una fémina antes de pensar las consecuencias como un acto reflejo.

3. El ser humano es una criatura visual: Mientras ellas se sienten atraídas por rostros conocidos, a ellos les ocurre con alguien que nunca han visto. Por lo mismo, los hombres no dudan en mirar a una mujer atractiva en la calle, aunque sin ganas de seducirla, sino que sólo por detener la vista.

Sumado a estos factores, cabe mencionar que la exclusividad amorosa es una característica propia de las relaciones establecidas por el ser humano, pues existen discusiones en torno a si la monogamia es natural o una concepción social.

Por lo mismo, el problema no es la atracción o las miradas hacia otra persona, sino cómo se maneja la situación y cómo la resolvemos para que no se convierta en un mal mayor.


Fuente: La Red