Hace unas semanas, el blog Un arácnido, una camiseta, colgó un curioso apunte: la respuesta que...

Monday, June 20, 2016 by Lourdes López

Hace unas semanas, el blog Un arácnido, una camiseta, colgó un curioso apunte: la respuesta que la Real Academia Española había dado a la siguiente consulta de uno de los gestores de ese blog científico-lingüístico: “¿Cómo se escribe el imperativo de salirle en la segunda persona del singular?”. La RAE respondió que ese imperativo más el pronombre enclítico es “sal+le”, pero que la ortografía del español no contempla esa posibilidad de escritura, porque el resultado es una elle: salle, y esa elle no refleja la pronunciación deseada.



En apenas tres días, el blog del arácnido recogió más de dos centenares de comentarios de lo más diverso, que dan, ya sólo por su número, la dimensión de un problema irresoluto: una rareza del sistema de escritura. Es decir, podemos decir sal+le, pero no podemos escribirlo con la ortografía en la mano. Un bug, lo llaman, que en inglés significa chinche, insecto, y se refiere a aquella imperfección que alberga todo programa informático que se precie. En definitiva, es el agujero que buscan los piratas para acceder a las tripas de los códigos base y demás recovecos.

Entre las propuestas lanzadas por los comentaristas, sorprende la solución de la incógnita. Mirar hacia otro lado es la solución de los que dicen que en lugar de “sal+le al paso”, se diga “sal a su paso”; o bien, echando mano de la rica dialectología del español, emplear el voseo hispanoamericano: “salile al paso”; o el imperativo andaluz: “sarle al paso”, que es como salirse por la tangente.

Luego están los que proponen una modificación ortográfica, bien con un guión: sal-le; bien añadiendo una hache que evite la formación de la elle: salhle; y, aun, reclamando la incorporación del punto volado de la ele geminada del catalán: sal·le.

El otro comentario es el que da en el clavo:

He descubierto que algunas normas de pronunciación pueden “interpretarse”, como en la palabra postromántico (que se lee [post.romántiko] en lugar de [pos.tromántiko]). Lo mismo ocurre con salle: yo escribo subrayar y leo [sub.rayár] o escribo ciudadrealeño y no leo [ciuda.drealéño].

Me parece una solución simple y brillante. Y que siempre estuvo ahí, como la carta robada de Poe. Sólo hacía falta mirar con atención para descubrirla.

Cierto es que modificar las reglas ortográficas para un solo caso es un esfuerzo innecesario. Resulta más lógico decir “sálele al paso”, echando mano de una vocal de apoyo, una vocal epentética, que sirve para facilitar la pronunciación. Es el mismo caso de la d de pondré o tendré –en lugar de los originales ponré o tenré–, por ejemplo. La de sálele parece la solución más espontánea. Sin embargo, también tiene un pero: coincide con el imperativo del verbo salar en el trato de usted: “Sálele la ensalada, que él tiene el brazo escayolado”. Pero seguro que el contexto ayudará.


Fuente: La Vanguardia