Lo cierto es que -al contrario de lo que los hombres piensan- la dinámica de afeitarse se desar...

Friday, February 03, 2017 by Lourdes López

Lo cierto es que -al contrario de lo que los hombres piensan- la dinámica de afeitarse se desarrolla con bastante deficiencia en la mayoría de los casos, según los expertos.

Cualquier hombre mira con cierto desdén a quién le pregunte si sabe afeitarse. Es de esas dinámicas masculinas que se tienen por sabidas y, más aún, hechas de buena forma.

Sin embargo, los expertos en la materia siguen siendo los tradicionales barberos, para quienes la práctica diaria de afeitarse por cuenta propia se lleva a cabo en las peores condiciones para la cara y para la propia barba, en el caso de que se busque mantener un corte en ella.

Para sostener la crítica, sólo recuerdan un punto: es imprescindible el agua caliente. La idea es que la alta temperatura abra los poros y facilite la salida de los pelos. En ese sentido, el ideal es afeitarse después de ducharse, porque los poros están totalmente relajados.

Sin embargo, si no se puede, lo importante es pasar mucha agua caliente en la cara. El filo de las máquinas también se desplaza con mayor facilidad en esas condiciones.

- A continuación, una breve revisión a cinco fallas que deben mejorarse.

1. El uso efectivo de las dos manos. Nada de ocupar una mano para rasurarse y la otra libre. En rigor, se requieren ambas porque mientras una maneja la máquina, la otra va haciendo como una orientadora, estirando -además- la piel. Porque esto es imprescindible: siempre se debe estirar la piel mientras se pasa la afeitadora. Esa una de las bases del éxito. Más que pasar diez veces por una zona rebelde, lo que debe hacerse es estirar más el área. El filo se desliza mejor y los poros se disponen de manera favorable.

2. La insuficiencia de un espejo directo y frontal. Por más que las personas se afeiten en un espejo frontal, lo cierto es que la cara tiene otras dimensiones que quedan sin consideración. El sector facial cuenta con tres dimensiones y se requiere una imagen que reflejo eso. El ideal es usar espejos que permitan dicha visualidad. Así se aprecian todas las zonas, en la que existen puntos ciegos. Los expertos insisten en que hay que saber amoldarse a esa necesidad con lo que se cuente a mano.

3. El loco secado con la toalla. Lo habitual es que tras cumplir con la afeitada se recurra a un decidido y riguroso secado con la toalla. Crasso error. La cara ha estado todo el último tiempo sometiéndose al paso de una cuchilla, por lo que la irritación existente es máxima. El frotado de una tela sobre la cara no sólo termina generando picazón, sino que profundizando la irritación. El secado requiere más elegancia que energía. Tal como se secaban algunos nobles, con golpecitos suaves y constantes. Hay que sumar a todo eso una toalla en buenas condiciones, siempre semi nueva o muy bien mantenida.


4. Nunca aplicar filo sobre un granito en la cara. Aunque si bien en la adolescencia ver un granito era sinónimo de pasar sobre él todo el rigor de la afeitadora, lo cierto es que no se trata de un comportamiento acorde a la madurez. Hay que avitar el paso de la afeitadora por esas zonas y, por el contrario, dedicarles un poco de tiempo con algún tipo de crema que facilite el cierre natural de esos poros. El filo puede casuar la infección en un granito mal cortado. Y ahí sí que todo se complica.


5. La mantención de una afeitadora "regalona" por semanas. Sólo un dato: el mayor porcentaje de enrojecimientos en la cara se origina por el uso de afeitadoras antiguas y desgastadas. Al no cortar, su paso reiterado presiona en demasía la cara y origina sarpullido. De ahí la situación puede cambiar a una infección. Las afeitadoras deben cambiarse observándose su banda hidratante, ya que el nivel de desgaste será el de la máquina. Si una se utiliza dos a tres veces por semana, no dura más de quince días.

Con información de: Lifestyle.americaeconomia

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