Desde el momento en que te casas, comienzas a convivir con tu esposo día tras día, y noche tras ...

Monday, October 31, 2016 by Anabelly Hernandez

Desde el momento en que te casas, comienzas a convivir con tu esposo día tras día, y noche tras noche. Comparten el mismo hogar, duermen en la misma cama, comen en la misma mesa, tienen las mismas pláticas etcétera. A muchas personas, esta convivencia rutinaria les puede causar el problema de sentirse demasiado cómodos con sus parejas, en el sentido de que ya no sienten la necesidad de ser tan cordial o tan amable como antes. Con el tiempo, puedes llegar a sentir que estar casada te da el derecho de reprochar cuánto desees y cómo desees, porque él es tu esposo, y tú tienes exigencias válidas.

Si esto llega a convertirse en tu normalidad, sin darte cuenta, puedes llegar al extremo de que eres más cordial, más amable, más paciente y más solidaria con las otras personas en tu entorno, como tus colegas de trabajo, tus conocidos, las personas que pasas en la calle y hasta tus mascotas, antes que con tu propio marido.

Quizás pensaste que este artículo se refería a tratar mal a tu marido, porque generalmente asociar la palabra “perro” con una persona suele tener una connotación negativa. Pero eso no es a lo que me refiero. Si tienes mascotas, piensa realmente como las tratas.

En su libro “Trátalo como un perro” el cómico pastor y consejero matrimonial Mark Gungor y la escritora Jenna McCarthy, nos explican como nuestros esposos darían lo que fuera por recibir el mismo trato, comprensión, dirección, paciencia y sobre todo amor que incondicionalmente le damos a nuestras mascotas.

¿Qué significa tratarlo como un perro?

Piénsalo reflexivamente, si tienes mascotas, seguramente las tratas con mucho amor y te aseguras de que todas sus necesidades siempre estén cubiertas.

¿Haces lo mismo con tu esposo?

Al volver a casa, saludas a tu mascota con una sonrisa alegre, no importa si pasaste un mal día en el trabajo o estuviste atorada en el tráfico por dos horas.

¿Haces lo mismo con tu esposo?

Si criaste un cachorro desde pequeño, sabrás que logran aprender más con agasajos y alabanza cuando hacen algo bien, que con reproches y regaños cuando hacen algo mal.

¿Aplicas el mismo método con tu esposo?

Si tu cachorro te muestra una de sus hazañas, aun si la ves todos los días, lo celebras con entusiasmo y hasta le hablas como bebé.

¿Celebras igual los esfuerzos diarios de tu esposo?

A tu perro le hablas con instrucciones claras: “ven”, “trae la pelota”, “siéntate”, “come” etc. No le das explicaciones innecesarias ni asumes que ya debe saber lo que quieres que haga porque es tu cachorro.

¿Comunicas con claridad lo que quieres de tu marido?

Y finalmente, si tu mascota hace algo indebido, ¿lo mantienes en tu mente como una carta bajo la manga para recordárselo cada vez que comete otro error?

¡Seguramente no!

¿Ves la diferencia? ¡Tratar a nuestros maridos como perros no estaría nada mal!

Ahora, no se trata de que apliques exactamente el mismo trato a tu marido, ni que intentes darle palmadas en la espalda y decirle que ha sido un buen chico, más bien que canalices un poco de la comprensión, alegría y sobre todo amor incondicional que reciben tus mascotas, hacia tu marido.

En su libro, Gungor no se limita solamente a la comparación de tratos entre tu perro y tu marido, sino que también habla de otras situaciones muy reales en donde las mujeres sienten la necesidad de ser más amables y corteses con personas exteriores al hogar, como los jefes, empleados, doctores, personas de servicio etcétera.

¿Puedes pensar en alguien a quien crees que trates mejor que a tu marido? Si ese es el caso, retoma conciencia y piensa que fue a tu esposo a quien le prometiste amor y comprensión, hasta que la muerte los separe.





Con información de: whatthegirl