La noche de Halloween de 1992, el Reino Unido creyó que una familia había presenciado unas apari...

Monday, October 31, 2016 by Lourdes López

La noche de Halloween de 1992, el Reino Unido creyó que una familia había presenciado unas apariciones fantasmales. Las llamaron "tuberías" y ocurrió en Northolt, al norte de Londres.

Muchos pensaron que en cualquier momento podrían ser las siguientes víctimas de los fantasmas que vieron a través de su televisor. Pero, en realidad, se trataba del falso documental Ghostwatch, producido por la BBC.

El hecho de que fuera presentado por figuras conocidas y de que no se ofrecieran suficientes pistas para que los espectadores detectaran que aquello era una broma le dio credibilidad al contenido. En otras palabras, todo apuntaba a que los espectadores estaban siendo los testigos pasivos de la actividad de espíritus malignos.

En cierto modo, era una versión similar a lo que hizo Orson Wells el 30 de octubre de 1938 con La guerra de los Mundos. En aquella ocasión, indujo a creer que los extraterrestres habían invadido su país y esto hizo entrar a sus ciudadanos en el pánico absoluto. Y algo parecido ocurrió en 1992.

Aquella emisión pretendía ser una película de terror muy auténtica para el especial de Halloween. Sin embargo, terminó con una ola de indignación hacia la BBC por haber asustado a 11 millones de personas.

La noche de Halloween de 1992 Reino Unido creyó que una familia había presenciado apariciones fantasmales, llamadas "pipes", en Northolt, al norte de Londres

La BBC era una fuente de noticias fiable, lo que daba un plus de veracidad a su relato. Querían hacer disfrutar a sus espectadores de un relato ficticio. Pero, éstos se sintieron engañados. Y hubo consecuencias.


Hubo más de 20.000 llamadas y varias cartas airadas. También provocó un parto a una mujer que veía el programa y diversos casos de "trastorno de estrés postraumático". British Medical Journal informó que, desde que vieron aquellas imágenes, 2 niños de 10 años sufrieron ataques de pánico y trastornos de sueño. Poco después, otros médicos alertaron de casos similares.

Pero la peor de las consecuencias fue la muerte de Martin Denham, de 18 años. Sufría problemas de aprendizaje y, por ello, no supo asimilar que aquello había sido una broma. En los días posteriores al programa, no pudo quitarse de la cabeza que corría el riesgo de encontrarse con un fantasma. No fue capaz de soportar aquella presión y terminó suicidándose.

Su pérdida condujo a sus padres a culpar a Ghostwatch. Sus quejas y las miles de llamadas de indignación provocaron que, en 1995, el caso se llevara hasta el Consejo de Normas de Emisión. Allí se dictaminó que el programa no había sido etiquetado con las premisas suficientes para señalar que era una ficción y que, además, "habían cultivado una sensación de amenaza deliberadamente".


Después de ver el programa, Martin Denham no podía parar de pensar que podía encontrarse un fantasma en cualquier momento. No soportó la presión y se suicidó

El guión había surgido de la mente del guionista Stephen Volk. Inicialmente, lo planteó como una serie de 6 capítulos, pero la BBC prefirió condensarlo en un sólo episodio.

Aquello era distinto a casi todo lo que se había emitido hasta el momento. En las películas de terror los espectadores ya sabían a qué iban. Pero, la televisión era diferente. Era más íntima, menos predecible y más auténtica. Y, aún más, si el contenido venía de un medio de comunicación como la BBC.

Para añadir crebidilidad al programa, eligieron a reconocidos presentadores como Sarah-Greene, Craig Charles, que informaron desde la misma casa, y Michael Parkinston, que llevó la conexión en directo. Greene y Charles habían trabajado en programas para gente joven, por lo que su figura les ayudaría a atraer a parte de la audiencia adolescente. El protagonismo del relato lo tuvo una familia poco convencional para la época. Se trataba de Pam, madre soltera, y sus hijas Kim y Suzanne, que vivían rodeadas de presencias paranormales.

La primera parte sólo se basó en mostrar destellos fugaces de las experiencias que vivía la familia, lo cual fue muy ambiguo para los espectadores. En la segunda, Parkinson les animó a llamar al programa para compartir sus experiencias paranormales, lo cual hizo que aquela historia acabara siendo parte de todos. Y aún más real.


En las películas de terror los espectadores ya sabían a qué iban. Pero, la televisión era diferente. Era más íntima, menos predecible y más auténtica
La familia vivía entre ruidos extraños, acompañada por un gato misterioso y con la presencia de un fantasma. Éste no quería irse de su casa y había dejado varios arañazos en la cara de Suzanne. Cuando ya llevaban una hora de programa, Parkinson aconsejó a los espectadores a permanecer con el televisor encendido. De este modo, acompañarían a Greene durante aquellos "extraordinarios" acontecimientos.

 Para terminar, la presentadora desapareció bajo una escalera y un experto en fenómenos paranormales dijo que la audiencia que, sin saberlo, había participado en una sesión que mostraba lo que los "tuberías" eran capaces de hacer. El toque final fue protagonizado por el mismo Parkinson, que, aparentemente, fue poseído por el espíritu de un fantasma.

En aquel momento, la BBC sólo tenía 5 operadores y, desde la emisión de aquel programa, recibió miles de llamadas que no pudo gestionar. Horas más tarde comunicó que aquel programa era una ficción. Que nada de lo que habían visto era real. Sin embargo, ya era demasiado tarde.

Con información de PlayGround