Los tipos no “nos han tocado”, los hemos elegido y no le podemos hacer espacio a los ‘buenos’ h...

Thursday, September 22, 2016 by Lourdes López

Los tipos no “nos han tocado”, los hemos elegido y no le podemos hacer espacio a los ‘buenos’ hasta que no tengamos claro qué queremos con todas sus letras chiquitas. Cada cual tiene la pareja que cree merecer.

Hay que iniciar por amarnos incondicionalmente y dejar de castigarnos con dates, crushes o relaciones serias que sólo nos han recordado una y otra vez el poco valor que nos hemos dado. Ni modo, a desnudarnos y abrirnos a la verdad. 

1. Honestidad 

Honestidad es saber quién es y de qué va. Es un trabajo de ida y vuelta. Todos tenemos derecho a nuestros secretos y privacidad; sin embargo, existe información básica que debemos compartir si en serio queremos darle un soporte al lazo, empezando por si estamos o no involucrados con alguien más erótica o románticamente.

Aun si es una relación abierta o un free de carta blanca, hay que aclarar de qué vamos y si comunicaremos esas relaciones paralelas. La exclusividad se negocia, no se da por sobreentendida y, si a ti no te viene bien, hay que decirlo. 
Mantenerte con un galán que sabes que anda picoteando acá y allá, pero lo aceptas aunque te pudre el hígado porque piensas que por ahora es tu mejor opción, es traicionar tu merecimiento. 

2. Presencia real 

Implica saber que esa persona está para ti, no para rescatarte, sino para tomar parte de tu red de soporte emocional. Hay parejas que llevan siglos juntos y parece que todo marcha bomba, pero a la primera crisis o necesidad de que uno le dé soporte al otro, todo se desploma como torre de jenga. O una de las partes siempre tiene que jalar a su pareja porque se victimiza o inutiliza.
Estar presente también es poner atención a las palabras y necesidades, no convertirse en roommates que a veces tienen sexo. Una presencia real en tu vida te da la seguridad de que será tu cómplice y, que si algo te sucede, podrás recargarte en paz. 

Y que quede claro: bye, ambivalencia! Los tipos que están y no; que un día te aman y al otro desaparecen; o por ocasiones parecen pendientísimos de ti y al poco tiempo se muestran desinteresados, no desean estar presentes. ¿Para qué los quieres? ¿Para tener con quién salir/vivir/ tener sexo? Mejor cómprate un buen vibrador. 

3. Orgasmos

Podríamos llenar estadios con mujeres de todas las edades que nunca se han autoerotizado, o bien, nunca han compartido con sus galanes dónde y cómo les gusta ser estimuladas, el tipo de caricias que las dispara, sexo oral o qué tipo de penetraciones les van mejor.

La mayoría no lo dice por temor a ser tachadas de hardcore, ñoñas, zorras o bossy en la cama. Habitar tu cuerpo implica conocerlo y procurarte todo el bienestar posible, y el placer es uno de sus propósitos primarios, así que no le niegues su derecho a expresarse. La receta para el orgasmo, el multiorgasmo y lo que quieras experimentar sólo tú la tienes, es TÚ receta. 

4. Exploración y erotismo compatibles 

Claro, hay que abrir los horizontes sexuales, pero tenemos que encontrar compatibilidad en esos mapas de exploración. Muchas, por asuntos sociales casi implantados en el ADN, tienen la vida sexual que el tipo en turno les ha sugerido, sin pensar si están teniendo el sexo que desean.

Incluso hay quien le entra a los tríos, al swinging, al BDSM u otras prácticas, porque a su galán le parece cool y ellas quieren encajar como sea.
No hay nada de malo en las prácticas anteriores, excepto cuando te unes sólo por satisfacerlo a él; porque no sabes ni quién eres como amante y le delegaste la responsabilidad de ese descubrimiento al galán con el que salgas o andes.
Repetimos, solamente tú tienes las respuestas y el trabajo es personal. 

5. Ir en la misma dirección y frecuencia 

Aunque no negamos que todas encontramos un placer culposo en vivir relaciones con contextos complejos o dificultades cual cuento de hadas, ya es momento de aceptar que las relaciones no deben estar validadas por el esfuerzo, la lágrima y el moco.

Es vital que identifiques si tú y tu chico van creciendo en la misma frecuencia. Puede ser que empieces a sentirte aislada porque él va tan deprisa que te ha ido dejando atrás; o, por el contrario, sentir que vas con paso firme hacia lo que deseas lograr con tu vida, pero él parece atorado en su adolescencia.
Seguir ahí es montarte en un caballo de carrusel que sabes que no te llevará a lado alguno. Si quieres, puedes seguir ahí, dando y dando vueltas hasta que un día te canse el mareo. O bien, ni modo, con pierna temblorosa (nadie dice que no da miedo) decidir bajarte porque allá afuera hay mucho más para ti.

Fuente: Cosmopolitan