Para lidiar contra esta enfermedad intolerante que es la homofobia, compartimos una conmovedo...

Monday, June 13, 2016 by Lourdes López

Para lidiar contra esta enfermedad intolerante que es la homofobia, compartimos una conmovedora carta que escribió un abuelo apoyando a su nieto homosexual, quien había sido expulsado de casa por su propia hija. La carta fue publicada y se viralizó en Facebook, es ahí donde se contó la historia de Chad, quien tras confesarle a su madre Christine que era gay, ella en vez de entenderlo lo echó de casa.

 El joven sin tener dónde ir, recurrió a su abuelo materno y le contó lo ocurrido. Totalmente indignado, el abuelo de Chad escribió de puño y letra, la carta para Christine donde la acusó de homofóbica y trató de hacerle ver a su hija que está equivocada y que ser gay no es una “vergüenza” o una “abominación”.

  “Querida Christine":


Estoy decepcionado contigo como padre. Estás en lo cierto en lo de que tenemos “una vergüenza en la familia” pero te equivocas en quién es.
Echar a Chad de tu casa solamente porque te haya dicho que es gay es la verdadera “abominación” en esto. Un padre repudiando a su hijo es lo que va “contra la naturaleza”.



La única cosa inteligente que te he oído decir en todo esto es que “no criaste a tu hijo para ser gay”. Por supuesto que no lo hiciste. 

Él nació así y no lo eligió, como tampoco eligió ser zurdo. Tú sin embargo has decidido ser hiriente, cerrada de mente y retrasada. Así que, como estamos con el tema de repudiar a nuestros hijos, creo que aprovecharé este momento para decirte adiós. Yo ahora tengo un fabuloso (como dicen los gays) nieto que criar, y no tengo tiempo para una hija que es una z(-palabra con Z) sin corazón.


Si encuentres la razón en tu corazón, llámanos.”

Papá

Es curioso ver cómo muchas veces se usa el "argumento" de que padres del mismo sexo harían que sus hijos se volvieran gays, o como dice el abuelo, su hija "no crió a su nieto para que fuera gay". Pues en este caso, tampoco la crió a ella para que sus nietos fueran víctimas de su intolerancia.



Fuente: El club de los libros perdidos